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El recorrido para encontrar el amigo invisible. Lo real, lo imaginario

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El espectador emancipado


Tokman tiene, como documentalista, una obra que se puede llamar “experimental” y, al mismo tiempo, “sorprendente” porque toma temas al alcance de la mano y les da una relevancia que conmueve y no deja lugar a la indiferencia.


Esta vez, después de la singular “Casa Coraggio” (imperdible), habla sobre los amigos imaginarios; lo de su hija Oli y el suyo propio. El tema no es nuevo en el cine y sirve para mostrar un momento de crecimiento y transición. Pensemos, por ejemplo, en El gigante de hierro (B. Bird, 1999), Un monstruo viene a verme (J. A. Bayona, 2016) o Mi amigo el gigante (S. Spielberg, 2016). Así un cine familiar y de animación apuesta a conmover tratando de explicar el funcionamiento del cerebro en las relaciones entre el yo y el inconsciente.



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